Federalismo y parlamentarismo: dos ideas guías

 

Federalismo y parlamentarismo: dos ideas guías

martes 30 de diciembre de 202519:52h
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Última actualización: miércoles 31 de diciembre de 202511:25h
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Antes ordenar quería decir colocar los libros en su sitio, procurar que la biblioteca recuperase su acostumbrada disposición; y la labor te podía deparar agradable sorpresas, así toparte con Vasconiana de Caro Baroja, que habías comprado en el establecimiento de la Plaza Nueva de Bilbao, o la historia del pensamiento político de J.W.Allen del siglo XVI, que habías adquirido justo debajo del edificio de seminarios de la London School of Economics, en la librería de viejo de la Facultad. Hoy el reajuste se refiere al ordenador en cuyas tripas debemos indagar un tanto azarosamente y a ciegas.

1- Temáticamente, y algo sorpresivamente, me ecuentro con un, como se dice ahora, podcast, referido al federalismo, y un texto sobre la contribución del hiperliderazgo caudillista a la transformación de nuestro parlamentarismo. Lo que digo a la joven audiencia de la Universidad de la Rioja que me escucha es que la profundización que se espera del sistema autonómico en un sentido federal debe llevarse a cabo teniendo en cuenta tres ideas. La primera es que la fórmula federal no es una panacea para solucionar los problemas de nuestro sitema autonómico. No sólo porque no hay una opción federal que sin más esté disponible, pues efectivamente el federalismo, como dijese Koën Laenerst y entre nosotros Roberto Blanco, tiene muchos rostros, sino porque los problemas de la descentralización española no estan en el plano de la configuración institucional o su articulación, sino en el nivel de la integración, lo que podríamos llamar la constitución espiritual, y desde este punto de vista no está tan claro que el federalismo sea la solución institucional del nacionalismo. Los nacionalistas en España desgraciadamente no son federalistas sino, como mucho, confederales, y, como es sabido, la confederación no es la culminacion del federalismo sino su degeneración o perversión.

En muchos de nuestros nacionalistas se da el componente mítico de que hablaba Kedourie cuando enfrentaba la ideología nacionalista a la constitucional. Si bien se mira,en efecto, hay una contraposición inevitable entre los presupuestos racionales del federalismo, o sea, división del poder y acercamiento del gobierno a sus titulares más próximos, más resolución jurídica de los problemas; y los del nacionalismo, cuando no se supera ni la base étnica de la titularidad del dominio-mejor cuando nos gobiernan los nuestros-, y se adopta una visión salvífica de la autodeterminación, unico modo de alcanzar de verdad la liberación y la felicidad de la nación, imposibles sin la independecia.

En segundo término, el horizonte federal todavía está lejos, si se piensa como se debe, en la transformación constitucional que conlleva, y que solo puede efectuarse si se amplia considerablemente su base de apoyo. Todavía opera una determinada idea del federalismo considerado no como una vía de reforzamiento de la lealtad nacional, sino como la antesala de la desunión y la ruina de la comunidad. Idea con partidarios en la derecha ideológica, así como en otras posiciones del espectro político, como probaría el caso de Galdós, que no era partidario precisamente de la Federal cantonal de su tiempo.

Una tercera idea sobre el federalismo se deduce de la consideración de muchos del sistema autonómico como una forma federativa, según parte de nosotros y otros autores como Watts y Laenerst que no dudan en incluir a España entre las formas federativas, al decir de Azaola. Claro que la solución a esta aporía no es la de concluir en el absurdo de querer una transformación que ya se ha producido(movernos a donde ya estamos) sino emprender una vía de perfeccionamiento de nuestro ordenamiento, completando sus deficiencias en el plano identitario y especialmenteen relación con los amarres federales, esto es, determinados instrumentos o rasgos propiamente federales, así Senado y otras vías de inclusión territorial en la composición y funcionamiento de la forma autonómica.

2- Pero en segundo lugar,decía, en mi labor de orden del escritorio,había recuperado un texto sobre la presidencialización del parlamentarismo nacional. Ese texto consistía en una reflexion para la Revista de Estudios políticos sobre los problemas de nuestro procedimiento legislativo, donde se constataba un escoramiento preocupante de la forma política hacia el presidencialismo, pero sin disponer de los mecanismoscompensadores de este tipo de democracias, con una estricta separación de poderes en su diseño organizativo y la legitimación directa del Jefe del Estado al que eligen los ciudadanos. Por el contrario en el caso nacional aparece un Parlamento cada vez mas demediado, quelegisla cada vez menos y elabora leyes de menor calidad, descuidando las exigencias formales y materiales de estas. Tampoco la actividad parlamentaria de control del Gobierno sale mejor parada, por no mencionar la omisión del deber constitucional de presentar los presupuestos.

Lo más preocupante, sin embargo, es que el liderazgo hiperpresidencialista fomenta una concepción radicalizada y confrontativa de la vida política española, muy alejada de la cultura del parlamentarismo como la forma más adecuada de la democracia. Es indudable que,entre nosotros, la confrontación política se ha intensificado y ha alcanzado niveles incompatibles con los fundamentos del sistema institucional, basado en una confrontación limitada entre Gobierno y oposición, pero desde el respeto mutuo, como exige una Monarquía Parlamentaria. La subordinación constitucional de Gobierno y oposición, y su aceptación de los principios institucionales del régimen parlamentario, implican una cierta solidaridad, incluso cordialidad, que debe anteponerse al choque sin cuartel, hemos dejado dicho alguna vez en este Cuaderno. “En la esencia del sistema parlamentario está la disposición al compromiso. El régimen parlamentario es un régimen de tolerancia

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